Darse...no de a gotas, sino que con todo lo que se es. Compartirse y de ese modo encontrarse. En eso estoy, para eso está este espacio...desde aquí les espero.
viernes, abril 27, 2012
Desperté invadida
martes, marzo 15, 2011
Media perdida
viernes, julio 09, 2010
Invictus de William Ernest Henley
INVICTUS
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. -
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. -
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul. -
Su traducción:
Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma
lunes, junio 21, 2010
Un poema maravilloso que encontré y mi intento de traducción...
After a while you learn
the subtle difference between
holding a hand and chaining a soul
and you learn
that love doesn't mean leaning
and company doesn't always mean security.
And you begin to learn
that kisses aren't contracts
and presents aren't promises
and you begin to accept your defeats
with your head up and your eyes ahead
with the grace of woman, not the grief of a child.
- Veronica Shoffstall
| Después de un tiempo aprendes la sútil diferencia entre tomar una mano y encadenar un alma y aprendes que amar no significa apoyarse y que compañía no siempre significa seguridad. Y comienzas a aprender que los besos no son contratos y que los presentes no son promesas y comienzas a aceptar tus derrotas con tu cabeza en alto y tu mirada al frente con la gracia de una mujer, no el dolor de un niño. |
domingo, noviembre 22, 2009
Hoy me voy
Sacudirá el abrigo rojo, con paciente letanía enfundará sus brazos en él. Sin temor dejará las llaves sobre la mesa y solo tomará su teléfono para hacer aquella ineludible última llamada. La puerta sonará al cerrarse tras de ella.
Caminará unas cuantas cuadras, el mismo recorrido que suele hacer cada día. Disfrutará como nunca antes, el suave arrullo del viento entre sus cabellos, las risas de la gente, la gravilla del parque crujiendo bajo sus pies. El sol colándose entre las ramas hará ver las hojas más verdes aún.
Y luego al cruzar, observará atentamente a aquel que pueda convertirse en su verdugo involuntario.
A uno al que la vida le haga andar más rápido de lo debido, a ese usará, y en el último instante, antes de que el amarillo se torne en rojo, cuando haya acelerado, entonces, dará ese paso hacia el vacío. Hacia la nada.
Y probablemente, saltará por los aires.
Y sin lugar a dudas, su sangre teñirá de carmesí su ya rojo abrigo. Y alguien tomará su teléfono y lo llamará. Y entonces bajará del auto para enfrentarse al final de su obra.
Solo eso le faltaba.
Y entonces entenderá, aquel críptico mensaje que ella le había enviado: “Hoy me voy”
miércoles, octubre 21, 2009
Ètereo
Se sentó en el banco, balanceando las piernas…sus zapatos gastados acariciaban al viento que amenazaba con llevarse su etéreo cuerpo.
De tanta desesperanza la piel se le había hecho cenizas, los huesos, polvo.
Hasta la más leve brizna podría hacerlo remontar. Y atrás solo quedarían unos zapatos gastados y el triste silencio de las plumas de sus alas al caer.
lunes, agosto 24, 2009
A ras de suelo
miércoles, julio 22, 2009
...
martes, julio 21, 2009
Como el fénix
domingo, junio 07, 2009
Ver la belleza
He andado pensando qué hace que amemos a alguien ¿Qué ruleta cósmica hace que nos encontremos con alguien y queramos conocerlo, degustarlo y tenerlo todo?
Se me aparece la idea que amar es encontrarse con la belleza de ese otro, con lo que subyace a lo evidente, con las fragilidades y las fortalezas. Con las historias heroicas y de las otras también.
Amar es poder ver a alguien como nadie lo ve. Es saberse conocedor de un secreto que no puedes compartir porque lo tienes guardado entre el alma y la piel.
Extraño la sensación de que algún extraño se transforme en la persona a la que pueda ver.
Claro, siempre están esas personas, las que forman parte de tu vida de manera inamovible, esas cuyas bellezas forman parte del paisaje de tu vida. Yo por suerte, tengo muchas y me encuentro rodeada de esas luces.
Además, en mi profesión, debes poder encontrarte con cada una de las personas que están a tu cuidado, y para ello debes aprender a ver sus bellezas, a quererlas y cobijarlas. Es un trabajo arduo y hermoso.
Pero aún me queda ese espacio, que algunos días con más fuerza que otros, me recuerda que aún debo encontrar algo, que debo observar y estar atenta. No sea que esa belleza, destinada solo para mis ojos, pase por mi lado y la deje ir.
jueves, mayo 28, 2009
Este no es mío...es de Oliverio Girondo
domingo, mayo 24, 2009
Versus
Se me llena de preguntas el alma, mientras una voz me dice que no piense tanto, que para qué.
Y si no la oigo, es porque no puedo, de dónde saco la energía para ser otra, para no pensarlo y repensarlo. Para evitar darlo vuelta y desmenuzarlo, para abrirme paso entre las sensaciones, el miedo y la razón que me ayuda a bancarme lo que sea que venga.
Nada de eso parece tener asidero en una noche demasiado clara para temerla.
Pero así es, me tengo algo de miedo, por esta otra que soy a veces, tan valiente y gustosa de besar bocas nuevas sin más preámbulos ni seguros.
Esa otra que se arriesga sin garantías de nada. Que se da poco o mucho sin pensar en amaneceres. Esa que no escatima cercanías, ni verdades ni sonrisas.
Me agrada ella. Pero recién la estoy conociendo.
Recién la dejo salir y guiar, aventurarse a ver qué encuentra. La dejo ser guiada por mis anhelos. Mis apetitos.
Y ella mira, observa y no teme. Y nos deja envolver por miradas, por suaves arrullos, por brazos hambrientos, por manos curiosas, por sonrisas malévolas.
Y así es ella, responde a todo con sonrisas traviesas, saboréandolo todo.
Y yo me guardo esos sabores en la memoria para alimentar a los anhelos que habitan mis días, y dibujar una sonrisa silenciosa.
domingo, mayo 03, 2009
Era feliz
Mientras se columpiaba en la baranda, contemplando alegre a los otros que como ella, retozaban en la terraza.
En unos instantes partirían a comprar los ingredientes necesarios para el tardío almuerzo pos noche de copas, asado y risas. Nada mejor que un cocimiento hecho por manos amigas para alargar la risa que surcaba su rostro durante todo el fin de semana.
Y luego de llevar los marinos elementos, y de que manos sabias los combinaran en la olla, ponerse a esperar, con el fuego y las conversaciones calentando el húmedo día de otoño en la playa.
Nada más que desear. Por unos instantes al menos.
Claro, porque la felicidad que la rodeaba, llenaba en esos instantes todo el espacio de la tristeza. Tristeza por su tía, cuyas cenizas habían comenzado su viaje hacia el infinito en esa misma playa, y también por aquellos amores que terminaron en sequía e incluso por aquellos que no pasaron de ser una hipótesis por confirmar, tristeza por todo lo que deseaba y no podía alcanzar. Todo eso quedaba silenciado por la compañía, las palabras, la confianza compartida y la brisa que la besaba y le robaba los besos que guardaba intactos desde hace algún tiempo.
Y así transcurría un almuerzo más, con el vino acompañando sus últimos instantes en la playa.
Y así el viaje de regreso fue confortable, sola en el bus, se sentía llena, no solo por el hermoso almuerzo sino también por la exquisita dosis de amistad que la había abrazado durante esos días.
Ahora volvía hacia sus otros afectos, hacia el abrazo de su niña Luna.
viernes, abril 24, 2009
Buena idea
Quizás me comí esa boca por hambrienta y por loca.
De pie en el ascensor parecía una buena idea. Lanzarse al vació sin correa, sin seguro. Lanzarse hacia ese beso que lo diría todo en un segundo.
Y descubrir que está allí para mí, para terminar en ese ascensor atrapados en un beso.
Equilibrarse entre un piso y otro con mis piernas alrededor de su cintura.
Parecía correcto.
Caminar encumbrada en su cuerpo, mientras con dificultad abría la puerta del departamento.
Entrar y encontrarme entre sus besos y la pared. Con una mano firmemente aferrada a mis caderas y la otra sacando el pelo de mi cara, en la mezcla más extraña de dulzura y pasión.
Caer al sillón, a medio camino de estar desnudos, con las ropas colgando de nuestros cuerpos.
Golosamente queriendo recorrer cada pequeño trozo de piel, descubrir cada retazo de ese otro a quien beso.
Y el beso que no se acaba, porque siempre comienza uno nuevo, por el cuello, la oreja, los pechos, la boca y también la punta de la nariz. Y querer probar y lamer su piel, oler cada cadencia, cada matiz de su esencia. Trazar su geografía, deslizando mis sentidos para guardarlo todo.
Y caer el uno en el otro, a medio camino entre el sillón y la cama. Arribando a un pacto intermedio donde solo los cuerpos envueltos del uno en el otro importaban.
Ser mecida por el fuerte embate de su cuerpo en el mío. De su fuerza abarcando mis sentidos. Y solo querer dar la pelea por un encuentro más, alzando mis caderas para enfrentarle, para gemirle al oído, para dejarle ir más adentro.
Y todo eso por un tiempo infinito, en donde las estrellas se trepaban por la ventana.
Y llegar a la cama, sin saber por qué milagro, caer sobre él, para tenerle adentro, dejándome deslizar despacio por sobre sus caderas, acariciando con mis manos su piel de piedra, de fuego. Apoyada en su pecho empujarle más adentro. Y sentirle alzándome, aferrado a mis caderas, mientras su vista me recorría toda, y naufragar en ese vaivén fija mi vista en su mirada.
Despiadada mirada. Ambiciosa mirada. Enamorada mirada.
Todo para terminar entrelazando sudores y jadeos. Para sentir sus manos quitándome el cabello de la cara. Para abrazados arrullar nuestro sueño.
domingo, abril 12, 2009
Derecho a envejecer
jueves, abril 09, 2009
Tornillos, clavos y un conejo
Me balanceó en silencio abrazada a mi conejo. Y entonó una canción hace tiempo traída de las tierras en las que conocí a la Reina de corazones. Y sé que ese mundo ya huyó. Pero sigo aferrada a él. Clavada en su memoria. No importa que los demás crean que fue solo un sueño. Yo aún recuerdo mi té con el Sombrerero, y nada hará que cambie de parecer. No importa. Estaré esperando hasta que mi señor conejo vuelva a por mi. Aferrada a esta triste imagen suya. Balanceándome infinitamente. Ausente del reflejo del sol en las paredes acolchadas.
sábado, marzo 14, 2009
Interminable
domingo, marzo 01, 2009
Breve disquisición sobre los formatos en que se puede presentar un hombre
Hay hombres:
Pelados, peludos y otros mal distribuidos.
Grandes, pequeños y medianos.
De manos ásperas, húmedas o suaves.
De espaldas anchas, encorvadas o absolutas.
Perfumados, nauseabundos o inoloros.
De caricias juguetonas, avasalladoras o sensuales.
De besos rápidos, insípidos o exquisitos.
De conversaciones, vacías, aburridas o fascinantes.
De rostros interesantes, horribles o perfectos.
Eufóricos, cabizbajos o equilibrados.
Sírvase adjuntar sus propias categorías.
sábado, febrero 21, 2009
Danza
Se dejaba llevar por el agua, arriba, más adentro.
Zambullido en esa estampida de espuma y sal algo quedaba atrás, como un puerto desde un barco que se pierde en el horizonte llamado océano.
Algo se desprendía de él, lo abandonaba mientras dejaba a la mar hacer con su cuerpo.
Quizás fuesen los recuerdos, quizás fuese esa pena grande que habitaba en él, muy abajo, lejos de la superficie, tal como los abismos en la profundidad del oceáno.
Así llevaba su pena oculta. Silente. Pero para él era lo más real de todo. La cortejaba, le huía y también discutía con ella. Con esa fisura que se trepaba por su alma y le quitaba la respiración.
Ese abismo era la huella de uno de esos eventos telúricos apocalípticos que a veces le tocan a algunas vidas. Esos que mueven tu centro de gravedad y te quitan la razón para impulsar a los pulmones a dar la siguiente bocanada.
Y aunque sonase a todas luces vulgar, su pena no era más que mal de amor. Pero no cualquiera. Ese amor había calado hondo en su alma, moldeándola como el mar a las rocas y la había transformado convirtiéndolo en otro.
Con otro brillo, una nueva piel y una sonrisa capaz de abrir brechas en el destino.
Había entrado en ella y sus corrientes le habían llevado a nuevos destinos antes impensados.
Se había regocijado en el constante arrullo de sus risas, en el suave encuentro de sus labios y en el eterno vaivén de sus caderas. Había habitado en ella hasta saciar la imperiosa necesidad de ahogarse en su ser.
Solo respiraba ella. Solo deseaba ser en ella.
Y estaba lleno. Por una vez nada más pedía.
Pero las corrientes cambian y naufragan los deseos y ante todo, el alma humana es tan joven y caprichosa como los designios de la espuma sobre las olas.
Así el alma que lo habitaba, decidió emigrar lejos de él, montada en otras corrientes.
Y su alma quedó ahogada de dolor, se hundió profundo, cavando adentro de él, buscando algún lugar en si mismo que no estuviese lleno de ella. Fisuró y abrió su alma hasta lo más profundo.
Y ahora estaba ahí dejándose invadir de nuevo por otra presencia. Se sumergió en la danza de las olas. Se dejó ir, sin luchar. Ya no había nada por lo que dar la siguiente brazada, nada que valiera el esfuerzo de una nueva bocanada de aire.